Como ya lo había comentado en mi presentación, yo soy Lic. En Psicología Área Clínica, egresada de la Universidad Autónoma de Querétaro. Durante mi estancia en la universidad, siempre pensé que era importante tener un trabajo de medio tiempo que me permitiera tener un ingreso económico y que además me dejara suficiente tiempo libre para poder dedicarme al trabajo en consultorio; sin embargo, no tenía en mente dedicarme a la docencia y tampoco sabía que la docencia en realidad es un trabajo de tiempo completo, a pesar de las horas que tengas contratadas.
Casualmente, al egresar de la universidad, mi asesor de prácticas me invitó a trabajar en un centro materno infantil que su esposa dirigía, en este lugar me tocó el privilegio de permanecer por dos años trabajando con pequeñitos de 2 a 3 años estimulando diferentes áreas (cognición, lenguaje, psicomotricidad, socialización y autoayuda), para mi esta experiencia fue muy gratificante. Debo confesar que en un inicio fue difícil para mí, puesto que durante cierto tiempo me estuve preparando para mantener cierta abstinencia con respecto a los pacientes y aunque los niños con quienes trabajaba no eran pacientes, tenía ciertos rasgos de dureza que en un principio me impedía relacionarme con ellos.
Durante los dos años que trabajé en ese centro materno aprendí muchas cosas, entre ellas (y creo que es una de las más importantes) que los niños no te ponen atención, obedecen, ni aprenden, si antes no has establecido un vínculo afectivo que les permita reconocerte, ser reconocidos y sentirse seguros.
Al terminarse mi contrato en este lugar decidí regresar a mi casa (en Atitalaquia, Hgo.) y por consecuencia, buscar otro trabajo. Un buen día una amiga me visitó y me invitó a trabajar en el CBTis 200, donde estaban solicitando un lic. En Psicología. Obviamente asistí muy entusiasmada y me encontré con la sorpresa de que la vacante era para impartir clases de psicología industrial, desarrollo motivacional, relaciones humanas y lectura y redacción. No me agradaba mucho la idea de impartir clases pero como estaba desempleada y ya tenía 6 meses sin trabajo, no podía darme el lujo de rechazarlo, así que realicé mi examen y me aceptaron.
Sin darme cuenta, ya estaba yo cumpliendo parte de mi proyecto, tener un trabajo de “medio tiempo” que me permitiera cubrir mis gastos y me dejara tiempo libre para atender pacientes en consultorio.
Al siguiente semestre de haber ingresado, el director de la escuela me invitó a trabajar en la parte administrativa en la Oficina de Difusión Cultural y Promoción Deportiva argumentando que había observado mi desempeño y el trato que ofrecía a los alumnos y esperaba que pudiera hacer un buen trabajo. Sin darme cuenta, me pusieron a prueba y al siguiente semestre ocupé el puesto de Jefe del Departamento de Servicios Escolares en el turno vespertino. De los 9 años que llevo laborando en este plantel he permanecido por 6 años en dicho puesto, un año estuve en Vinculación con el Sector productivo y otro más solo atendí mis 18 horas frente a grupo.
Al irme involucrando en la docencia empecé a descubrir lo gratificante que resulta observar los rostros de mis alumnos iluminarse cuando los conceptos revisados quedaban claros para ellos e incluso, cuando ese conocimiento adquirido podía ser de utilidad para su vida.
Cuando no se tiene la preparación pedagógica es difícil desprendernos de nuestra preparación profesional y en mi caso, eso ha sido muy evidente. Estoy conciente de las deficiencias pedagógicas que tengo a pesar de lo mucho que he aprendido durante estos 9 años de servicio, sin embargo, los 2 años que trabajé en el centro materno han sido de gran ayuda para mi trabajo con jóvenes de bachillerato. Pues con ellos, al igual que con los niños de 2 a 3 años, es importante establecer un vínculo afectivo, un ambiente cordial y de seguridad que les permita desarrollar el deseo de aprender y asistir a clase porque siempre hay algo importante que aprender.
Para mí siempre ha sido importante escuchar a los y las jóvenes que atiendo en grupo, aceptar sus sugerencias, darles gusto en la medida que sea posible, hacerles sentir bien dentro del grupo y en la escuela, todo esto dentro de un marco con límites que les permita a ellos aprender a autorregularse. Me agrada pensar que puedo contribuir a que su día, semana, mes y estancia en la escuela y en la vida sea más feliz.
jueves, 28 de enero de 2010
Mi aventura de ser docente
Soy licenciada en Psicología Área Clínica, egresada de la UAQ, creo que me inicie como maestra desde muy pequeña, recuerdo que estaba en segundo de primaria cuando jugaba a ser maestra (imitaba a mi maestra Emma) y mis alumnos eran mi hermano menor y una vecina.
Cuando estaba en la secundaria y prepa organizaba grupos de estudio con mis compañeros para preparar los exámenes parciales o finales. También daba regularización a niños de primaria.
Laboralmente inicié ésta práctica al egresar de la universidad cuando mi asesor de prácticas me invitó a trabajar en el Centro Materno Infantil “Marie Langer” que dirigía su esposa. En este instituto trabajé durante dos años con niños de dos años de edad, estimulando cinco áreas específicas (cognición, autoayuda, lenguaje, psicomotricidad y socialización).
Posteriormente ingresé al CBTis 200 por invitación de una amiga quien me informó que requerían una psicóloga en esta escuela. Yo asistí con mucho entusiasmo pensando que se trataría de realizar funciones propias de la carrera, sin embargo no era así, requerían personal que impartiera la materia de psicología industrial y lectura y redacción.
Obviamente acepté (con un poco de resistencia) porque no tenía trabajo y muy pronto quedé fascinada con la experiencia. Encontré en este espacio la posibilidad de apoyar a los jóvenes con dificultades y sin ellas, a sentirse mejor consigo mismos y a aprender los contenidos temáticos con mayor facilidad (según yo).
Ser docente para mi ha significado una forma diferente de servir. Estoy convencida que la educación es la única forma de acceder a un tipo de vida diferente y de mayor calidad. Me gusta pensar que como docente puedo ser un trampolín que impulse a los jóvenes a alcanzar sus sueños.
Motivos de satisfacción tengo muchos, me encanta escuchar a los jóvenes, cuestionarlos y ver cómo se iluminan sus rostros cuando se dan cuenta de su capacidad y potencial. Su dinamismo y frescura me contagia y motiva a seguir adelante.
Me resulta muy desagradable observar que alguien con potencial lo desperdicia en actividades poco sanas y es mucha la frustración que siento cuando alguno de nuestros jóvenes causa baja definitiva por materias.
Por la parte administrativa es desagradable saber que no puedo aspirar a una clave mejor de la que tengo y que no se destinan mayores recursos para cubrir las necesidades existentes en el plantel donde laboro.
Cuando estaba en la secundaria y prepa organizaba grupos de estudio con mis compañeros para preparar los exámenes parciales o finales. También daba regularización a niños de primaria.
Laboralmente inicié ésta práctica al egresar de la universidad cuando mi asesor de prácticas me invitó a trabajar en el Centro Materno Infantil “Marie Langer” que dirigía su esposa. En este instituto trabajé durante dos años con niños de dos años de edad, estimulando cinco áreas específicas (cognición, autoayuda, lenguaje, psicomotricidad y socialización).
Posteriormente ingresé al CBTis 200 por invitación de una amiga quien me informó que requerían una psicóloga en esta escuela. Yo asistí con mucho entusiasmo pensando que se trataría de realizar funciones propias de la carrera, sin embargo no era así, requerían personal que impartiera la materia de psicología industrial y lectura y redacción.
Obviamente acepté (con un poco de resistencia) porque no tenía trabajo y muy pronto quedé fascinada con la experiencia. Encontré en este espacio la posibilidad de apoyar a los jóvenes con dificultades y sin ellas, a sentirse mejor consigo mismos y a aprender los contenidos temáticos con mayor facilidad (según yo).
Ser docente para mi ha significado una forma diferente de servir. Estoy convencida que la educación es la única forma de acceder a un tipo de vida diferente y de mayor calidad. Me gusta pensar que como docente puedo ser un trampolín que impulse a los jóvenes a alcanzar sus sueños.
Motivos de satisfacción tengo muchos, me encanta escuchar a los jóvenes, cuestionarlos y ver cómo se iluminan sus rostros cuando se dan cuenta de su capacidad y potencial. Su dinamismo y frescura me contagia y motiva a seguir adelante.
Me resulta muy desagradable observar que alguien con potencial lo desperdicia en actividades poco sanas y es mucha la frustración que siento cuando alguno de nuestros jóvenes causa baja definitiva por materias.
Por la parte administrativa es desagradable saber que no puedo aspirar a una clave mejor de la que tengo y que no se destinan mayores recursos para cubrir las necesidades existentes en el plantel donde laboro.
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Los saberes de mis estudiantes
Para recabar la información que se presenta en el siguiente andamio fue necesario visitar los pasillos de la escuela y preguntarles directamente a los pocos jóvenes que han asistido en estas fechas, pues estamos en periodo de receso académico. De tal forma que los jóvenes entrevistados son aquellos que tenían pendiente algún trámite o tenían que presentar exámenes extraordinarios del recurso intersemestral.
Lo que mis estudiantes saben hacer en internet
RESERVORIO
Bajar música.
Ver y bajar imágenes y videos.
Buscar información, hacer investigaciones para realizar tareas.
Bajar programas.
Ver pornografía.
Checar noticias.
ESPACIO SOCIAL
Jugar en línea.
Chatear, visitar redes sociales para ver fotos, leer y firmar (metroflog, myspace, hi5).
Conocer más personas.
Checar correo leer y escribir mensajes, enviar cadenas.
Subir fotos y videos.
Subir tareas al bogspot.
“Flexear” celulares (expandir memoria e instalar programa para poder leer chips de diferentes compañías telefónicas en el mismo teléfono.
Es interesante observar que a un año de haber realizado esta encuesta, los alumnos de otras generaciones responden básicamente lo mismo.
Su prioridad es divertirse de diferentes formas, jugando, escuchando música, viendo videos e imágenes y manteniendo comunicación con personas conocidas y desconocidas a través de diferentes redes sociales. También usan internet para buscar información que les permita hacer sus tareas.
¿Cómo aprovechar esos saberes en el aula?
En estos momentos no cuento con alumnos para poder idear una estrategia, sin embargo, ya me entregaron la carga académica del semestre Febrero-Agosto 2010 que inicia el próximo 3 de febrero y voy a impartir la asignatura de ecología a los grupos 4º “D” y 4º “G” de las especialidades de administración e informática, respectivamente.
Yo supongo que los alumnos de informática tienen mayor conocimiento en el manejo de internet que los alumnos de administración. Supongo también que en general los saberes serán muy parecidos, así que iniciaremos por identificar que sabe hacer cada quien y el grado de manejo para organizar pequeños grupos de tutorías.
Esencialmente me interesa que podamos crear un espacio donde se reporten las actividades y avance en el proyecto ecológico escolar de separación de residuos en el que tendrán que participar todos los grupos de cuarto semestre de la escuela.
Verificaremos la posibilidad de trabajar en equipo con los profesores que impartirán submódulos profesionales para dar forma a esta actividad y utilizar los laboratorios de cómputo.
Lo que mis estudiantes saben hacer en internet
RESERVORIO
Bajar música.
Ver y bajar imágenes y videos.
Buscar información, hacer investigaciones para realizar tareas.
Bajar programas.
Ver pornografía.
Checar noticias.
ESPACIO SOCIAL
Jugar en línea.
Chatear, visitar redes sociales para ver fotos, leer y firmar (metroflog, myspace, hi5).
Conocer más personas.
Checar correo leer y escribir mensajes, enviar cadenas.
Subir fotos y videos.
Subir tareas al bogspot.
“Flexear” celulares (expandir memoria e instalar programa para poder leer chips de diferentes compañías telefónicas en el mismo teléfono.
Es interesante observar que a un año de haber realizado esta encuesta, los alumnos de otras generaciones responden básicamente lo mismo.
Su prioridad es divertirse de diferentes formas, jugando, escuchando música, viendo videos e imágenes y manteniendo comunicación con personas conocidas y desconocidas a través de diferentes redes sociales. También usan internet para buscar información que les permita hacer sus tareas.
¿Cómo aprovechar esos saberes en el aula?
En estos momentos no cuento con alumnos para poder idear una estrategia, sin embargo, ya me entregaron la carga académica del semestre Febrero-Agosto 2010 que inicia el próximo 3 de febrero y voy a impartir la asignatura de ecología a los grupos 4º “D” y 4º “G” de las especialidades de administración e informática, respectivamente.
Yo supongo que los alumnos de informática tienen mayor conocimiento en el manejo de internet que los alumnos de administración. Supongo también que en general los saberes serán muy parecidos, así que iniciaremos por identificar que sabe hacer cada quien y el grado de manejo para organizar pequeños grupos de tutorías.
Esencialmente me interesa que podamos crear un espacio donde se reporten las actividades y avance en el proyecto ecológico escolar de separación de residuos en el que tendrán que participar todos los grupos de cuarto semestre de la escuela.
Verificaremos la posibilidad de trabajar en equipo con los profesores que impartirán submódulos profesionales para dar forma a esta actividad y utilizar los laboratorios de cómputo.
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